martes, 19 de febrero de 2008

The Official Trailer for The Darjeeling Limited

Ups!




La joven vida de Juno (Jason Reitman, 2007)

Con uno de los comienzos más emotivos que vi en los últimos tiempos, comienza Juno (prefiero su simple pero contundente título original). El personaje principal de la película, convertido en un dibujo animado, camina con una canción (que no es de fondo simplemente y que nos habla ya sobre qué va la película) que la acompaña en su recorrido. Sin rodeos, el guión nos sitúa rápidamente en la trama, Juno está embarazada, y tiene solo 16 años. Su tercer test de embarazo vuelve a marcarle con científica contundencia un signo positivo en el cuadrante. Ella intenta cambiarlo de forma moviéndolo con frenesí, ante lo que el farmacéutico le dice: “-No nena, no es como las pizarras mágicas, que cuando las movés desaparece la forma”. Y es así que el signo positivo se convierte no sólo en el denunciante del estado de Juno, sino en el signo que marca a una película “positiva”, que a fuerza de calidez y sentimientos logra su cometido.

La sensibilidad de Jason Reitman y su manera fresca y a la vez artificial de narrar el derrotero de su pequeña heroína hacen que la película no se convierta en un insultante catálogo de moral y buenas costumbres acerca del embarazo no deseado, el aborto y otras cuestiones afines. Ellen Page (Juno) logra que su personaje cobre nuestra simpatía instantáneamente. Sus salidas y comentarios, irónicos, mordaces, provocan una sonrisa cómplice y por momentos la carcajada franca. Su entorno no es menos entrador. Hay un padre comprensivo, una madastra que va en contra de las que suelen aparecer en los cuentos de hadas, una amiga solidaria y sincera y un amor ocasional (el futuro padre) que tiene más en su interior de lo que muestra.

La historia reúne a estos personajes con una pareja de yuppies deseosos de adoptar un bebé. Juno, feliz, les va a ceder el suyo. Luego comenzamos a ver que esta pareja, “perfecta”, de manual, tiene sus grietas. Ella es la que más desea ser madre y él, un músico frustrado convertido en jinglero, piensa si es realmente el “momento” para ser padre.

Otra vez una película “chiquita” logra colarse en las pomposas marquesinas del Oscar, como ocurrió con Pequeña Miss Sunshine el año pasado. Otra vez los estudios, acostumbrados a los éxitos asegurados, deben rendirse ante la potencia de un director que con un puñado de personajes y muy poco dinero logra hacer una película que no busca complacer, sino hacer disfrutar genuinamente a su espectador.

Sergio Zadunaisky

Próxima parada, Wes Anderson




Viaje a Darjeeling (Wes Anderson)

Sí, lo confieso, hace unos días vi en Telefe el programa que mostró el viaje de Marley y Susana Giménez por la India. Menos mala de lo que pensaba, la experiencia resultó ser un entretenimiento bastante aceptable, sobre todo teniendo en cuenta que lo “veia” mientras trabajaba en mi computadora. Me enteré de algunas cosas interesantes pero también debí sufrir la típica canchereada porteña (¿o argentina, debería decir?) de aquel que viaja a otro país y se mofa de las costumbres o personas que le son extrañas. Aunque también debo decir que hubo palabras de admiración y respeto para una cultura que sabe agradecer al visitante y tratarlo con cortesía y amabilidad. Mi mención al programa viene a cuento ya que días después vi “Viaje a Darjeeling”, la última película de Wes Anderson, filmada precisamente en la India.

Precedida por un corto que no se entiende bien porqué está puesto (quizás pase a la historia solamente porque Natalie Portman aparece desnuda) la película narra la historia de tres hermanos que se encuentran luego de no verse ni hablarse por un año. Uno de ellos, Francis (Owen Wilson), sufrió un accidente de moto y decide convocar a Peter (Adrien Brody) y a Jack (Jason Schwartzman) al país asiático para hacer un viaje espiritual y reencontrarse no solo entre ellos, sino con ellos mismos.

La película no decepciona aunque los que estamos habituados al manejo del absurdo, al disparate que muestra el director (ver sino su anterior película, la genial “La vida acuática”) veremos que aquí está más aplacado y sosegado. ¿Signos de madurez? Quién sabe, el tiempo lo dirá. La trama reúne a unos personajes cálidos y empáticos, que saben hacerse querer. Todos tratan de ocultarse cosas mutuamente y hay engaños y traiciones que no llegan a ser demasiado graves. Este tono etéreo va cobrando profundidad y espesor a medida que avanza la historia. Hay una muerte que marca un antes y un después en el relato y que va a ser el detonante para que los tres personajes comiencen realmente el camino de su búsqueda (sea espiritual o no).

Wes Anderson es un esteta, sin lugar a dudas. La música, el empleo de los colores y de la fotografía, el uso de la cámara lenta y la manera de mover a sus criaturas, hacen que sus películas sean interesantes de ver (y de sentir). En La vida acuática, filmada en parte en Cinecitá, el mítico estudio que usó Federico Fellini, la caricatura aparecía en colores brillantes y una escenografía que no ocultaba su falsedad. En esta película, el tren se convierte en un personaje más de la historia, que incluso llega a ser explotado al máximo por el director en aquella toma que enlaza a todos los personajes en los distintos vagones, yendo juntos a un mismo lugar.

Tal vez Anderson no logre el equilibrio justo entre drama y comedia, o no acierte del todo cuando intenta darle un cariz más filosófico a sus personajes (ver el que interpreta Angélica Huston, como la madre de los muchachos que vive alejada de la civilización y de su familia en pos de una vida dedicada a ayudar a los pobres), pero de algo estamos seguros, de que este viaje en tren valió la pena y de que tendremos qué esperar qué nos depara la próxima parada.
Sergio Zadunaisky

miércoles, 13 de febrero de 2008

Sweeney Todd Opening Credits

El comienzo de Sweeney Todd

Crítica de cine: Sweeney Todd: El barbero demoníaco de la calle Fleet


La Venganza será terrible

“Un espanto, un espanto” (espectadora anónima a la salida de la función de Sweeney Todd).

“El horror, el horror” (Marlon Brando en Apocalypse Now).

La leyenda del jinete sin cabeza era una película relacionada con misterios y enigmas en un pueblo de la América profunda, en donde un personaje fantasmal arremetía decapitando a diestra y siniestra al que se cruzara en su camino. Johnny Depp hacía de Ichabold Crane, un inspector caracterizado alla Sherlock Holmes, quién se debatía entre su mirada racional sobre los acontecimientos y la aparición de lo fantástico e inexplicable en sus investigaciones sobre el caso. La leyenda… es un referente inmediato a la hora de abordar Sweeney Todd, ya que también es una película que gira en torno a la sed de venganza como motor de la acción de los personajes. Pero si la primera es una película fallida y un tanto despareja, aquí Burton sabe acertar en el tono que va a utilizar para contarnos esta historia teñida de un humor sarcástico y macabro.

Sweeney Todd es un barbero que por una decisión drástica e injusta es alejado de su familia y encerrado lejos de su hogar por 15 años. Cuando vuelve, se encuentra con que su mujer se envenenó y su hija vive presa, encerrada como en un cuento de hadas por un severo tutor que la cela y desea. Desde ese momento, un deseo irrefrenable de venganza se apodera de él. La puesta en escena de TB no puede ser más adecuada a la historia, con reminiscencias de aquellas películas de la Hammer que él tanto admira y que en la Leyenda del jinete… también supo citar. Como en muchos filmes del autor, la escena de títulos nos muestra máquinas que están fabricando o armando algo, mecanismos casi con vida propia que reflejan la mente del personaje o nos cuentan cosas de él. En Charlie y la fábrica de chocolate era justamente la secuencia de fabricación del preciado manjar. Aquí hay oscuros engranajes por donde corre la sangre hasta terminar cayendo en una especie de laguna sanguinolenta, que no es más que el leit motiv de una película en donde la sangre brota a borbotones sobre un fondo gótico y tenebroso. Los engranajes resumen la personalidad del (anti)héroe y refieren también a la trama del film, ya que hablan de la nueva orientación que cobra luego la pastelería regenteada por Mrs. Lovett (Helena B. Carter).

La música siempre tuvo una presencia importante en las películas de Burton. En la mayoría de ellas de la mano de Danny Elfman, en títulos como El joven manos de tijera y El gran pez. Aquí decidió que sea la gran protagonista y hacer un musical en el que el 80% de la película contenga canciones. Por eso, a la manera de “Todos dicen te quiero” (Woody Allen), son los propios actores los que ponen la voz para ello. El propio Tim Burton confesó que lo que le atraía del texto era “la emotividad y la belleza de la música, junto al horror y al humor”, agregando que su fin era tener en la película actores que cantaran y no cantantes que actuaran, ya que eso le daba mayor calidad fílmica a su propuesta.

La coherencia de Tim Burton es notable, aun en sus films más fallidos (la citada La leyenda del…, El planeta de los simios). Esa es la sensación que le queda a uno luego de ver Sweeney Todd, la tragedia de un hombre que, como Batman, busca su razón de ser en la venganza y debe vivir en la oscuridad para siempre.

Sergio Zadunaisky

martes, 5 de febrero de 2008

Curso sobre los hermanos Coen




DALE CINE PRESENTA

VISIÓN INDEPENDIENTE, EL CINE DE LOS HERMANOS COEN” Un curso dictado por Sergio Zadunaisky

“En el caso de “Simplemente sangre” y “De paseo a la muerte” queríamos abordar un género preciso. Pero no pensamos necesariamente en cierto tipo de película cuando nos ponemos a trabajar, sobre todo en el caso de “Barton Fink”. Al tratar un género concreto, existen ciertas expectativas por parte del público, unas situaciones tipo que resulta divertido cambiar, pervertir. Para “Barton Fink” queríamos que el espectador estuviera todo el tiempo desestabilizado, como el mismo personaje de Barton: él está en un entorno extraño, casi hostil, y queríamos que se perdiera allá dentro, muy lentamente, de la misma forma que lo hace el público, sin saber lo que va a ocurrir.” (Ethan Coen a la revista Cahiers du Cinéma).

Desde los tiempos de “Simplemente sangre” (1984), su primer largometraje, los hermanos Joel y Ethan Coen se han convertido en un caso aparte en el contexto del cine norteamericano actual. Trabajan juntos en todos los niveles de fabricación de una película, del guión al montaje, de una manera casi artesanal, lo cual les permitió conservar su autonomía en el seno del sistema. Pero a la vez su estética, a medio camino entre Hollywood y el cine independiente, no sería lo que es sin el poder económico de las grandes compañías que distribuyen sus películas. Es una situación privilegiada, puesto que son pocos los cineastas capaces de conservar su integridad como artistas dentro de la industria. Sin embargo, también se trata de un pacto singular, que consiste en sacrificar dinero del presupuesto de la película a cambio de mantener un alto grado de independencia creativa. Como dice Joel, "las cosas más grandes nunca serán mejores para nosotros, hacemos todo en una escala modesta, especialmente para los parámetros de Hollywood. Creo que queremos mantenerlo así, porque a uno no lo molestan mucho si no gasta mucho dinero."

En este curso estudiaremos el universo temático y formal de dos cineastas formados más en la visión de películas clase B en la televisión que en las sombras de una sala cinematográfica de “arte y ensayo”, directores capaces de tomar cualquier género o estilo cinematográfico para desmenuzarlo y cambiar por completo sus reglas, con una filmografía repleta de personajes que de tan extraños y exóticos terminan pareciéndose casi a nosotros mismos y con una visión de la sociedad americana cínica y despiadada, que alcanza su punto máximo en “No country for old men”, su hasta ahora último opus, considerada por la crítica como su mejor película.

PROGRAMA

El curso de divide en cuatro clases de dos horas cada una. Las películas seleccionadas deben ser vistas antes, ya que solo tomaremos algunas partes de las mismas para su análisis. Se verán también fragmentos de películas relacionadas, libros de pintores afines a la estética de las películas, se citará y comentará bibliografía sobre los cineastas y veremos entrevistas y declaraciones de los realizadores para diferentes medios.
Comienza el miércoles 20 de febrero de 20.15 horas a 22 horas en Manuela Pedraza 2751. Costo: 120 pesos.

Clase 1

Simplemente sangre (1985)

Estrenada en 1985, esta ópera prima no tarda en convertirse en una suerte de "cult movie", comparada incluso por algunos críticos con “El ciudadano”, la película de Orson Welles de 1941.
Muy cerca del universo del escritor noir James M. Cain (El cartero llama dos veces), los Coen manejan los hilos de sus cuatro personajes casi excluyentes con un dejo de ironía. En esta especie de comedia de enredos (por la estructura y el manejo de la información entre sus personajes) cada uno cree saber lo suficiente sobre los otros, para actuar en consecuencia. El espectador tampoco es beneficiado con el saber sobre el 100% de los acontecimientos, pero los Coen saben darle lo suficiente como para mantener el interés en la historia. La cámara cobra por momentos el status de personaje, la fotografía, entre las pinturas de Caravagio y Edgard Hopper logra momentos asfixiantes y la música de Cartel Burwell inquieta con atmósferas que acercan sus partituras a las del cine de terror de John Carpenter.

De paseo a la muerte (1990)

Los Coen se sumergen en el cine de gángsters, para darnos una estilizada e intrincada historia, en donde la homosexualidad y el crimen se dan la mano.
La trama gira alrededor de Tom Reagan (Gabriel Byrne), un frío y calculador gángster, al cual los Coen renuncian a presentar como un héroe positivo e intachable. Tom es un hombre de principios, inteligente, leal, incapaz de traicionar a Leo (Albert Finney), su jefe, en los negocios. Sin embargo, es al mismo tiempo un jugador compulsivo, un alcohólico irredento, un amante desleal que duerme junto a la mujer de su mentor y amigo, Verna (Marcia Gay Harden), al tiempo que asesina a su hermano (John Turturro). Y todo esto sin intención alguna de juzgarlo, de entrar en consideraciones morales sobre su comportamiento.

Clase 2

Fargo (1995)

Uno de los temas recurrentes en la filmografía de los Coen es el secuestro o rapto de bienes y personas. Aquí un pobre vendedor de autos contrata a dos hombres para que tomen a su esposa de rehén y así poder cobrar la plata que su suegro pague por su rescate pero, Ley de Murphy mediante, todo sale mal, y va de mal en peor. Frances McDormand compone a una mujer policía embarazada, que por su sagacidad e inteligencia destaca por sobre el resto de los personajes. El blanco de la nieve no sólo es un marco geográfico y ambiental de la historia, sino que la sensación que nos transmite de asepsia y calma, contrasta con los abruptos arranques de violencia de los personajes, y con la roja, rojísima sangre que "pinta" el cuadro cinematográfico.

El hombre que nunca estuvo (2001)

Aquí los Coen vuelven a recorrer un período característico de la época dorada del cine de Hollywood en una película rodada íntegramente en blanco y negro, con los claroscuros expresionistas típicos del film noir de los años cuarenta. La elección del blanco y el negro es una confesión de la nostalgia que sienten los Coen por cierto período – la posguerra – y por recobrar el aire de escritores del género como Dashiell Hammett, James M. Cain y Raymond Chandler
La historia de un peluquero de un simple pueblo cobra dimensiones de tragedia en tono de sordina y en dónde se combinan el film noir, la comedia absurda y las referencias al cine de ciencia ficción.

Clase 3

Educando a Arizona (1987)

En esta película los Coen dejan, aunque no del todo, el policial, ya que en todo caso la historia del secuestro de uno de los quintillizos Arizona por parte de un ex presidiario y su mujer policía no dejan de ser elementos para construir cualquier trama policíaca que se precie. Pero, fieles a sí mismos, deciden romper con el/los género/s desde el/los que parten, para llegar a lugares totalmente impensados.
La cámara está desenfrenada, al igual que las actuaciones, la luz y el vestuario son hiperrealistas, y la música, por momentos recuerda a la de os spagetthi western. El comic y el arte pop aparecen como grandes influencias, y tenemos aquí la primera aparición de uno de los actores raza Coen: John Goodman.

El gran Lebowski (1998)

El argumento de la película está diseñado de acuerdo con el modelo fundacional de las historias detectivescas de Raymond Chandler. Dice Ethan al respecto: "En todas ellas aparece el personaje de Philip Marlowe que, a menudo, debe efectuar un viaje hacia Los Ángeles, donde irrumpen buena parte de los personajes emblemáticos que le rodean. Éste era el tipo de historia que queríamos contar y la pregunta que surgía a continuación se refería a quién sería el protagonista, esa especie de detective privado de nuestros días que frente a los sofisticados personajes de Chandler fuese casi como su antagonista, un personaje holgazán y perezoso. Nuestro héroe es un hombre fracasado y desocupado. Hemos colocado casi a la peor persona que podía verse implicada en una situación de este tipo."
Film en el que se destaca el mundo masculino, transcurre en su mayor parte en la pista de bowling, y hace referencia al mundo de los detectives privados y del western.
El gran Lebowski es otra colección de personajes y situaciones estrafalarias típicamente coenianas.

Clase 4

Barton Fink (1991)

Esta historia, según sus creadores, surge como una catarsis, luego del bloqueo creativo ante el guión de "De paseo a la muerte". Ellos querían escribir algo especialmente para John Turturro y John Goodman. Nace así la historia de Barton Fink, un reputado escritor de la "intelligentzia" de la costa este americana que es tentado para ir a trabajar a Hollywood. Llega entonces al Erlie Hotel, una versión coloreada del edificio de departamentos de "Eraserhead" (David Lynch), con su estilo art-decó, sus orgánicas texturas, sus radiadores palpitantes y sus ascensores terminales. Allí conocerá al loco Mundt, todo un personaje, quien al final se revela como un psicópata asesino sacado del mismísimo infierno.
Para los Coen, hábiles y audaces fagocitadores del cine de género, este film presenta ciertas diferencias con respecto a su obra anterior, ya que no hay un género reconocible detrás al que podamos identificar como esqueleto de la historia.
El sonido cobra una relevancia aun mayor que en sus films anteriores, al retratar minuciosamente el mundo de objetos y ruidos que acompañan al protagonista.

No country for old men (2007)

Primera vez que los Coen adaptan un texto ajeno, una novela de Cormarc McCarthy con el mismo nombre que tiene la película. Una historia que recuerda por momentos a Simplemente Sangre, a Fargo y a El hombre que nunca estuvo, pero que tiene varias vueltas de tuerca respecto a éstas. Hay una intriga criminal (o policial) en un ambiente que tiene mucho del western. Hay un psicópata que mata a casi todo lo que se le cruza por el camino. Hay drogas y bandos en disputa. Hay policías que siguen pistas pero que se hacen preguntas que no tienen respuesta. Pero la historia no se queda en la anécdota criminal, que ni siquiera se resuelve de manera tradicional, sino que funciona como un espejo, un reloj de los tiempos que corren, una época marcada por la incertidumbre, el desapego a viejos códigos morales y a la aberración. Un retrato feroz de un país que se desintegra sin que nadie pueda hacer nada para evitarlo.